lunes, 26 de octubre de 2009

CUANDO LOS PECES BROTEN DE LOS ÁRBOLES.


El día en que las Gacelas den caza al león,
el día en que la Tortuga gane a la Liebre.
El día en que la ardilla persiga al Hurón...
Cuando los Peces broten de los Árboles.

El día en que la mosca engulla a la Rana,
el día en que el Ratón asuste al Gato.
El día en que el Besugo despiece al Tiburón...
Cuando los Peces broten de los Árboles.

El día en que el Soldado diga ¡No!
el día en que las Armas paren su clamor.
El día en que los Niños nos cedan su Don...
Cuando los Peces broten de los Árboles.

El día en que la Mujer pare la mano que azota,
el día en que el Hombre se convierta en Hombre.
El día en que el Odio implore al Amor...
Cuando los Peces broten de los Árboles.

El día en que el Hambre sea desterrada,
el día en que "Injusticia" ni siquiera sea una palabra.
El día en que el Poder caiga rendido...
Cuando los Peces broten de los Árboles.

El día en que nuestras protestas sirvan de algo,
el día en que reivindicar sea lo humano.
El día en que por fín, se junten todas las manos....
Tal vez entonces,
los Peces broten de los Árboles.


Silvia 09.




martes, 20 de octubre de 2009

LA HOGUERA.

Sentados frente a la hoguera, mudos, sin mirarse, dejando las horas pasar.
Hacía tiempo que no eran los mismos y ambos lo sabían.
¿ Quién cambió primero? Poco importaba ya.
Ninguno de ellos lograba reunir el valor suficiente para asumirlo.
Sin embargo, tenían tantas cosas que decirse... El silencio era insoportable.
Atrás quedaron la risa, las caricias, los susurros de madrugada. Eran tantos los momentos compartidos... Pero las lágrimas dejaban un sabor amargo que perduraba en el tiempo, ajando los sentimientos. Y pesaban como enormes losas.
Ella no recordaba cuando fue la última vez que aquellas manos recorrieron su cuepo desnudo; y Él ya no anhelaba sus besos.
Eran dos extraños encerrados en la misma celda fría, desoladora, y vacía. Tan vacía...
A pesar de ello se habían acostumbrado a su presencia, no era tan malo se decían día tras día.
Pero el silencio era cada vez más ensordecedor.
Y cuando el silencio marchaba, llegaba el ruido.
Rabia contenida desembocando en gritos. Aturdimiento, tristeza y desamparo.
Palabras hirientes que queman, que caen a plomo pegando duro en el corazón. Soberbia. Impotencia.

Hacía frío. Un frío que calaba los huesos paralizando cuerpo y mente.
Deberían echar más leña al fuego....
Pero ambos permanecían sentados sin moverse, mirando al infinito. Quizá recordando, tal vez añorando, ¿ acaso, soñando?
Soledad.
Mientras el fuego decrecía sin remedio.
Entonces Él, habló: * Alguien debería ir a por leña*- dijo en un susurro.
* Y ¿ porqué no vas tú?*- respondió Ella de forma arisca.
Tensión.
Volvió el silencio, y con él, el hastío.
Ella se levantó entonces lentamente y dirigió sus pasos hacia Él. Cogió su cara entre ambas manos, como antes, como aquel verano de hacía diez años...
Sólo que esta vez en lugar de aquel ilusionado "SI QUIERO", de su boca surgió un devastador:
"ADIOS".
Él, rehuyendo su mirada bajó la cabeza y sin más, lloró...
Mientras, el fuego seguía decreciendo.
La poca leña que quedaba, ardió.
Y el fuego, antes majestuoso,
se apagó.
Silvia 09.


lunes, 12 de octubre de 2009

INCIERTA CERTEZA...

¡¡¡Piensa, piensa... vamos rápido, piensa!!!
Tiene que haber una manera de escapar de aquí.
Pero ¿cómo?
Ni puertas, ni ventanas, ni siquiera rejas. ¡Nada!
No me acuerdo de nada.
¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado aquí? ¿Cuando? ¿Porqué?
Una luz, eso es. Debo encontrar una luz.
¡¡Busca, busca!!
¡Señor! esta oscuridad me está volviendo loca.
Levántate, tantea el terreno, tal vez reconozcas algo. ¡Vamos, levanta!
¿ Qué es esto? es pegajoso, sí, parece una telaraña. El aire está viciado, huele a humedad, mi garganta está seca y la boca me sabe a polvo.
Bien, sigamos...
Trastos, hay miles de trastos, pero ¿qué son? Acaso cosas viejas, olvidadas por el paso del tiempo. Sí, seguro, no son más que trastos viejos.
Un sótano, eso es, creo que estoy en un sótano. ¿Encerrada?
Pero no... no puede ser, ¿quién querría encerrarme? No creo tener enemigos. Tal vez algun loco...
¡ Basta ya!
Debe haber un error, o quizá sea una pesadilla. Sí, una pesadilla...últimamente la atormentaban cada noche, desde...
¡ Cállate! ni lo menciones. Es mejor así, lo sabes.
De acuerdo, de acuerdo. Tranquila, serénate. Debes salir de aquí.
¿ Qué ha sido eso? he visto algo. Hay una sombra justo ahí. No se mueve, será un trasto más...
¡ No! se mueve.
¡Dios mío! ¿Qué es, que quiere?
¡¿Hola?! Por favor, ¿hay alguien ahí?
Silencio...
Quédate quieta, no te muevas, no respires. Tal vez se vaya, tal vez....
¡ Oh, Dios!
Me ha cogido el pie, me arrastra, no puedo moverme...
¡ No, no no! tira, lucha... ¡vamos!
¿ Qué sucede? mi cuerpo no responde, no tengo fuerza. Y Eso me arrastra hacial El.
Pero... no siento miedo ¿porqué?
Es como si me dejase llevar, como si "debiera" ir.
Es la misma sensación de mis pesadillas, desde aquel día...
¡Calla!
¡No! no quiero callar, quiero recordar.
Eso es, recuerda....
Aquel día hacía frío, llovía ¡sí! llovía a mares. Yo iba en el coche con la música puesta, sonaban los Rolling...
¡ Calla, calla, calla!
¡No, debo seguir!
Los Rolling no me gustan, así que decido cambiar el cd y me agacho. Y entonces...
¡Calla!
¡No!
...entonces dejó de repente de llover, los Rolling dejaron de cantar, y grité. Grité y me sumí en la oscuridad. En la misma oscuridad que ahora me envuelve, y en la que llevo sumida quien sabe cuanto tiempo.
¿ Qué ocurre? Me ha soltado. Se ha ido, ha desaparecido, sin más.
Es extraño, pero me siento en paz. Calma, me inunda la calma.
Espera, mira, hay una luz al fondo.
¡ Venga, acércate a ella!
Quizá sea la salida.


Silvia 09.




jueves, 1 de octubre de 2009

EL GITANILLO Y LA LUNA.


Un gitanillo descalzo, sentose a orillas del río
A cantar por fandanguillos al amor por él, querío.
La Luna al oir su canto, díjole bañada en llanto:
* Gitano, mi gitanillo, mal haces con cantar tanto,
pues bien sabes que tu canto
el motivo es de mi llanto.
Cuanto quisiera amor mío acunarte en mi regazo.
Cuantos desvelos, mi vida,
por estar entre tus brazos.
Más,
aún nos queda la noche para de algún modo,
amarnos.
Gitano, mi gitanillo,
canta, y bebe de mi llanto. *
El gitano enamorado, quiso abrazar a La Luna
más viendo que no alcanzaba
siguió con su triste canto. * Gitano, mi gitanillo, mi leal enamorado.
Te esperaré cada noche en la orillita del río.*
Y una fatídica noche, embebido de dolor
Y enchido el pecho de amor,
quiso besar a su amada
y buscando su reflejo en el río se adentró.
Y se perdió entre sus aguas.
Y su canto se apagó.
* Gitano, mi gitanillo, ¿dónde te escondes mi amor?
¿Es que acaso tus amores,
otra Luna me robó? *
Y se sintió traicionada.
Y de amor, enloqueció.
Y el cielo río contento, y el río se sonrió.
La Luna ya no se iría.
Aunque penase de amor.



Silvia 09.

domingo, 27 de septiembre de 2009

LA DAMA.

La Dama se mira en el espejo. Su cuerpo desnudo le recuerda su juventud.
Recoje su cabello en un moño y se dispone a vestirse.

Está triste, la melancolía llena su corazón herido de amor. Un amor no correspondido; un amor que disfruta con otra amante. Un amor que debe olvidar...olvidar....

Mira por su ventana, y sus ojos se pierden en la inmensidad del mar. Tan azul, tan bello, tan grande. Quisiera fundirse con Él, nadar en sus calmadas aguas. Sumergirse...sumergirse y llenarse de su paz.

Cierra sus ojos y una ardiente lágrima cae, recorriendo su mejilla. Le quema.
No consigue borrar aquella imagen de sus retinas. Su amado, su vida, su todo...abrazado a otra. Esa Otra que le ha robado la alegría. Esa, que ahora es dueña y señora del depositario de sus sueños, del causante de sus desvelos.

Esa Otra...que no es, ni será más, Ella.
Si tan sólo pudiera olvidar. Si tan sólo sus recuerdos callaran. Si tan sólo, no hubiera sido jamás...
A lo lejos divisa a las mujeres de la aldea faenando en el campo. ¿Tendrán ellas estas inquietudes? ¿sentirán de igual manera el amor y el dolor? Quizá el duro trabajo no les deje tiempo para tales menesteres. Quizá dentro de su pobreza y miseria, cobijen mejor suerte que la mía. Quizá....



Llaman a la puerta de su alcoba con suavidad, y una criada africana entra, portando en su cabeza un enorme cesto de frutas recién recogidas.
Posando el cesto en el suelo, avanza hacia ella con majestuosidad, lenta pero segura.
Que hermosa es.

Se arrodilla frente a La Dama y comienza a cantar. Es una canción de sus antepasados, hermosa, realmente bella canción.
La Dama llora. Pero esta vez sus lágrimas no queman. Esta vez sus lágrimas se llevan consigo el dolor y la tristeza.


Cuando sus ojos se secan, el escenario ha cambiado.
Ya no ve a los traicioneros amantes, en su lugar, hay mil colores y cien mil formas juguetonas la invitan a bailar.
¡¡ Baila, baila bella Dama !!
Deja que los colores inunden tu alma, deja que la música llene tu corazón, permítele a la vida que te acompañe en tu viaje.

Baila, linda Dama. Baila, y deja paso a la felicidad.
Inúndate de su magia, toca con tus manos la suave textura de la risa, bebe de la fuente del bienestar eterno.
Hermosa Dama... no permitas que tus lágrimas vuelvan a ser de fuego, llora sólo de felicidad si lo deseas.
Y espera, ten paciencia. El Amor llamará a tu puerta, o entrará por tu ventana. Y te cubrirá con su cálido manto.

Bella, linda, hermosa Dama..... Baila.
Silvia 09.
CUADROS DE FABIOLA BAÑO VIVES. Si queréis conocer su obra, pinchad aquí









jueves, 24 de septiembre de 2009

DEL HOMBRE Y SUS VICIOS.


Había oscurecido.
Las calles alumbradas por farolas, reflejaban sombras sospechosas (al menos así las veía él).
Y sintió miedo.
Miró a su alrededor, pero no vió más que a una pareja acurrucada en una esquina.
* Señor* pensó, * ¿es que no tendrán casa, o siquiera un coche?*
Y siguió su camino. Había decidido pasear hasta su casa; la noche era apacible y el tiempo acompañaba.
Sin embargo, una sensación de inseguridad le invadía desde que saliera del teatro. Era como si alguien (o algo), le estuviera siguiendo.
Notaba su presencia y sus ojos clavados en su nuca.
Sin darse cuenta comenzó a correr.
Pero la sensación de desamparo no disminuía. Siguió corriendo a la máxima velocidad que sus piernas permitían.
Estaba allí, lo sentía!! Incluso podía olerlo. Sin embargo, seguía sin verlo.
De repente su pie tropezó con algo y cayó de bruces.
*No!! Debo seguir corriendo o me cojerá!!!
Lo que fuera que tenía detrás resoplaba, estaba a punto de alcanzarlo.
Se levantó, pero cuando iba a reanudar su carrera, un golpe seco le volvió a tumbar.
Oscuridad absoluta.... Miedo.
Abrió los ojos para encontrarse con un panorama desolador.
Estaba desnudo, amordazado y atado de pies y manos en medio de la nada. Tan sólo un enorme foco enfocaba su cara cegándole y haciéndole llorar.
* ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?*
Silencio.
* Por favor! No me hagas daño, por favor!!
De nuevo el silencio por respuesta.
Sentía frío, y cosa inaudita, un hambre atroz corroía sus entrañas.
En su interior crecía la imperiosa necesidad de algo. Pero ¿de qué?
Así fueron pasando las horas, hasta que sus ojos le devolvieron a los brazos de Morfeo.
El despertador sonó despertándolo de un salto.
Se quedó sentado en la cama y miró a su alrededor consternado. Sudaba.
Entonces se levantó y fue hasta la sala. Abrió el mueble bar y retiró la botella de JB. Trás ella había una cajita de madera. La abrió... ¡ Siii! Allí estaban.
Cogió uno, lo miró lentamente y le dijo:
*Eras tu quien anoche me torturaba, ¿cierto?*
Y notó como el jodido cabrón le sonreía maliciosamente.
* Pues bien amigo, tu ganas.
Malos tiempos los míos para dejar de fumar*



Silvia 09.
















sábado, 19 de septiembre de 2009

EL GRANJERO CAZURRO.

Érase que se era, en un no muy cercano lugar....
Un granjero se afanaba en lograr que su mulo hiciese el trabajo esa mañana.
El animal ya era viejo, y no podía con la carga. Aún así, el pobre jumento , lo intentaba desesperadamente.
Eran muchos los años pasados junto a su dueño, y por nada quería defraudarle.
Así que si sus rodillas flaqueaban, el animal las enderezaba con un fuerte resoplido.
A cambio, no recibía sino insultos y dolorosos varazos en el lomo.
Sin entender el porqué de tan ingrato trato, diose la vuelta y mirando
tristemente a los ojos de su, hasta entonces, benefactor, le espetó:
* Tú, que aún eres fuerte, ¿ porqué no alivias mi carga y me das aliento, ayudándome en tan ardua tarea? ¿ Porqué no das de beber a mi árida garganta? ¿ Porqué no das descanso a mis patas?
¿ Porqué no acaricias mi lomo en lugar de apalearlo?
¿ Es que acaso estos años no te he servido en todo cuanto has deseado?
El hombre, sorprendido de escuchar al mulo hablar, y asustado ante tamaña hazaña, comenzó a golpearlo repetidamente. Hasta que el animal cayó, dobladas sus rodillas, al duro suelo.
- Calla, jodido animal!!! Calla, levanta y trabaja!!!
Ya no sirves para nada, eres viejo y feo. Tus rodillas se doblan con el peso, tus huesos sobresalen de la piel marchita por los años.
Voy a matarte, porque nadie querrá ya cargar contigo. Sí, te mataré y compraré un mulo joven y fuerte que continúe con tus tareas. Eso haré, maldito mulo!!!
Y dicho y hecho, sacó del granero su escopeta, y de un tiro, derrumbó al infeliz jumento.
La granjera, que había visto transcurrir toda la escena desde el umbral de la casa, lloró con enorme desconsuelo. Ella adoraba al animal, su fiel mulo.
Sin decir una palabra, entró en la casa, cogió papel y lápiz y escribió una nota.
Después, metió sus pocas pertenencias en un petate y salió por la puerta trasera. Sin mirar atrás, sin pena, pero con la rabia contenida plasmada en su mirada.
Cuando el granjero llegó a su casa y la llamó, no obtuvo respuesta.
Tan sólo una nota en la mesa de la cocina le esperaba.
* Granjero cazurro, estos últimos días me he dado cuenta de que te
has hecho viejo, tu cuerpo antes lozano se ha llenado de pellejo, ya no puedes cumplir con tu trabajo en la alcoba sin quedarte sin aliento. Por esto, he decidido cambiarte por uno nuevo. Un mozo que sepa complacerme y cumpla con sus tareas. Un mozo joven y fresco que me eleve al firmamento.
Adios granjero cazurro. Me marcho, y no esperes en vano mi regreso.*
El granjero se sentó despacio en una silla a masticar tan odiosa carta.
Y se sintió solo, feo y viejo.
¿ Quién se haría cargo de él ahora?
La mujer caminaba sonriente. El mulo desde su cielo, reía a mandíbula batiente.

Silvia 09.